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El acné generalmente aparece en la adolescencia aunque algunas personas lo sufren durante toda su vida o en momentos puntuales debido a cambios hormonales, como por ejemplo le ocurre a algunas mujeres durante el embarazo.

Para curarlo podemos empezar por lo esencial, consumir unos dos litros de agua al día, tomar zumos de frutas naturales diariamente, ingerir té verde una vez por semana ya que es un gran antibacteriano, consumir vegetales de hoja verde, no tocarse excesivamente la cara o el pelo, mantener nuestra piel limpia, no excederse en el uso de maquillaje y lo más importante, no apretar ni rascar los granos que salgan.

Para conseguir su erradicación total existen numerosos tratamientos formados por cremas, tónicos y jabones que contienen elementos básicos para combatir el acné. Entre los más importantes y que no pueden faltar en este tipo de productos son: el ácido salicílico, gracias a él nuestra piel se mantiene exfoliada todo el día y actúa en la obstrucción de los poros. La vitamina E, es un gran antioxidante que ayuda a la renovación de los tejidos de las pieles dañadas. La vitamina C, consigue disimular las marcas o manchas que deja el acné.

Todos estos elementos son buenos para combatir el acné pero si no se consigue con ellos podemos pasar a otro tipo de componente más agresivo, el antibiótico. Los antibióticos son medicamentos fuertes por lo tanto requieren receta médica para su consumo. Existen de diferentes tipos, entre los más conocidos tenemos: La clindamicina, elimina las bacterias que causa el acné desde dentro del organismo y ayuda a la renovación celular, aunque puede provocar irritación o descamación en la piel y la Eritromicina, que también elimina las bacterias y además puede ser usada por mujeres embarazadas, lo que supone un gran avance para este tipo de problema.