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El aparato digestivo está formado por varios organismos que son, en este orden, la boca, la faringe, el esófago, el estomago, el intestino delgado y el intestino grueso. Su principal tarea es la digestión, es decir, se encarga de transformar los alimentos para que puedan ser nutritivos para las células del organismo.

El aparato digestivo lleva a cabo su trabajo en cuatro fases. La primera es la masticación, la segunda es la digestión, la tercera es la absorción, y la cuarta es la expulsión. Cada fase se produce en un lugar concreto del aparato digestivo, y todas ellas son importantes.

El funcionamiento del aparato digestivo empieza en la boca. Los dientes trituran los alimentos mezclados con la saliva. Al tragar, la comida, que ahora pasa a llamarse bolo alimenticio, baja desde la boca y la faringe hasta el esófago.

El esófago produce unos movimientos llamados peristálticos que trasladan el bolo alimenticio hasta el estómago. Una vez en el estómago, el bolo alimenticio se mezcla con los jugos gástricos. Los jugos gástricos preparan esta comida para que pueda ser absorbida por el organismo, y alimentar a las células que lo componen.

E el estomago se producen unos movimientos que hacen que el bolo alimenticio mezclado con los jugos gástricos, se desplace hasta el intestino delgado. Allí, se mezcla con la bilis y dos jugos: el pancreático y el llamado, jugo intestinal.

Es precisamente aquí, en el intestino delgado, donde se absorbe una cantidad mayor y más elevada de sustancias ricas en nutrientes, beneficiosas para el organismo.  Desde el intestino delgado la comida se desplaza hasta el intestino grueso. En el intestino grueso se absorbe el agua, que también nutre a las células del organismo, y los restos de comida se convierten en heces, que son expulsadas del cuerpo por el ano.