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Las manchas de sangre resultan muchas veces de las más difíciles de quitar, aunque ello no quiere decir que no se pueda. Ante todo hay que tener en cuenta que este tipo de manchas son mucho más fáciles de quitar cuando hace poco que se han producido. Pasadas más de 24 horas resultan más difíciles.

La sangre es una proteína, por lo que deberemos tener en cuenta antes de empezar que deberemos hacerlo con agua fría, en caso contrario lo que conseguiríamos sería fijarla todavía más al tejido.

El primer intento será con el detergente, para lo cual deberemos dejar antes durante unas horas la prenda sumergida en agua. Seguidamente aplicaremos el detergente directamente en la mancha y la frotaremos.

En caso de que el detergente no sea eficaz, hay otras fórmulas, como la de echar agua oxigenada directamente encima de la mancha y frotarla con un paño, lo cual resulta bastante efectivo.

Otra manera, especialmente si se trata de una prenda delicada, es poner detergente en una esponja y aplicarla sobre la mancha haciendo movimientos circulares con la esponja.

Otro truco que también suele dar resultado es añadir un poco de amoníaco al detergente de lavar a mano, y fregar la mancha con dicha mezcla. Si ves que no marcha del todo, en el agua de enjuagar mezcla una aspirina y deja la prenda una media hora. Después lávala de manera normal.