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Los vampiros son seres conocidos en todas las culturas del mundo. Si bien nos sorprendería en algunas de ellas la interpretación que se hace de dicho personaje, como ocurre con el Caribe o Latinoamérica, en cambio la de zonas como  Bulgaria, Rumanía o Polonia por ejemplo nos resultará muy familiar.

Aún así, tanto si nos referimos a la caribeña  “Loogaroo” o al clásico eslavo “Dracula” , en su esencia, se trata de la representación de lo oculto, de lo oscuro y de la maldad.

La manera más conocida de ser un vampiro, como  muchos saben, es aguardar hasta que uno de ellos clave sus colmillos y comparta su sangre con la de la víctima, pero por si alguien lleva esperando media vida y se siente algo olvidado por ellos, hay otras maneras por las que se dice que se puede convertir uno en vampiro, como por ejemplo el no cumplimiento de los rituales religiosos, tales como bodas, misas…De igual modo, si no se ocupa uno de un ser querido que ha fallecido, humano o animal, también tiene posibilidades de ser un sirviente del mal.

También, para los impacientes o los perezosos, tenemos la opción nada descartable de intentar acostumbrar nuestro estilo de vida al de un vampiro, viviendo solamente de noche, evitando el ajo, e intentando chupar el cuello de nuestras victimas…aunque visto así, parece ser que actualmente se le llama  a esto “ligón de discoteca”.